Casi medio millón de personas en España se encuentran actualmente percibiendo el subsidio para mayores de 52 años, una cifra que ha experimentado un crecimiento notable y suscita importantes reflexiones sobre el mercado laboral y el sistema de protección social. El Banco de España ha alertado sobre cómo la robustez de las ayudas al desempleo, como esta prestación, puede llegar a desincentivar la reincorporación al mercado de trabajo para ciertos colectivos.
Un Aumento Exponencial en los Beneficiarios
Las últimas estadísticas oficiales del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) revelan que la cifra media mensual de beneficiarios se sitúa en 466.077 personas. Este volumen representa un incremento del 75% respecto al nivel registrado antes de la reforma de 2019, que marcó un punto de inflexión en las condiciones de acceso a la prestación.
La principal medida que impulsó este crecimiento fue la reducción de la edad de acceso al subsidio, pasando de 55 a 52 años. Desde la implementación de este esquema, el número de personas acogidas a la prestación ha aumentado en un 43%, aproximándose al medio millón de beneficiarios. Esta prestación asciende a 480 euros al mes y puede ser percibida hasta alcanzar la edad legal de jubilación.
El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, ha señalado en una comparecencia reciente que «uno puede preguntarse si con este esquema de incentivos generamos las mejores condiciones para la activación en el empleo. Hay análisis empíricos que ponen de manifiesto que no».
Claves de la Reforma de 2019 y sus Impactos
La reforma de 2019 no solo modificó la edad mínima de acceso. También amplió la duración del subsidio, permitiendo su percepción hasta la edad ordinaria de jubilación (antes finalizaba al cumplir las condiciones de jubilación anticipada). Además, incrementó la base de cotización a la Seguridad Social que aporta el SEPE para la futura pensión de jubilación, elevándola del 100% al 125% del salario mínimo, y habilitó la compatibilidad del cobro del subsidio con contratos de trabajo a tiempo parcial.
Estas modificaciones han tenido una doble consecuencia significativa. Por un lado, han contribuido al enquistamiento de desempleados mayores de 50 años, quienes, con una cobertura de renta mínima y enfrentando barreras como el edadismo y posibles déficits formativos, permanecen más tiempo en las listas del paro. Actualmente, del total de 892.500 parados de larga duración en España (aquellos que buscan empleo por más de un año), casi el 45% supera los 50 años, llegando al 54% entre quienes llevan más de dos años sin trabajo.
El Coste Económico y la Naturaleza Híbrida de la Prestación
La segunda consecuencia es de índole económica. Según proyecciones de Fedea, el coste anual del subsidio para mayores de 52 años podría ascender a 15.877 millones de euros. Dentro de esta estimación, el sobrecoste derivado de la reforma se proyecta en 1.818 millones de euros al año.
«Este fenómeno demográfico se combina con un patrón de utilización intensiva y prolongada del subsidio para mayores de 52 años, que ha elevado el peso estructural de este colectivo como perceptores de prestaciones por desempleo, llegando a explicar algo más de la mitad del total de beneficiarios de estas prestaciones», detallan los expertos de Fedea.
Las nuevas condiciones de acceso y percepción han transformado este subsidio en una figura híbrida. Actúa a medio camino entre una renta de sustitución (especialmente modesta si no existen otras rentas familiares) durante los años de percepción y una prestación de carácter previsional, al influir de manera significativa en la futura pensión de jubilación del beneficiario.