Un cerco estratégico que sacude los mercados energéticos
La estabilidad del comercio marítimo global enfrenta una amenaza crítica tras el reciente avance de los rebeldes hutíes en la costa sur de Yemen. La toma del puerto de Moca y la ocupación de la isla de Perim durante el fin de semana han consolidado una posición dominante sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, un nodo logístico por donde circula el 5% de las mercancías internacionales y que conecta el Mar Rojo con el canal de Suez.
El control de este estrecho no es solo un conflicto territorial; representa un estrangulamiento directo a una de las arterias más vitales de la economía global, provocando una escalada inmediata en los precios del crudo.
El colapso de las rutas alternativas saudíes
La importancia del estrecho se ha magnificado ante las tensiones previas en el golfo de Ormuz. Ante la limitación de otras vías de exportación, Arabia Saudí había convertido esta ruta en su principal salida hacia los mercados asiáticos. Sin embargo, la reciente interrupción de un oleoducto clave hacia el puerto de Yanbu, tras un ataque de origen desconocido, ha exacerbado la fragilidad del suministro energético regional.
Los datos de la Agencia Internacional de la Energía reflejan un descenso severo en las exportaciones saudíes a través del Mar Rojo: el volumen se ha desplomado de 3,8 millones de barriles diarios a apenas 2,2 millones, reduciendo el suministro total del reino a su nivel más bajo en tres décadas.
Geopolítica y seguridad en la navegación
Aunque los hutíes han intentado lanzar mensajes de tranquilidad a los armadores internacionales para evitar represalias de potencias extranjeras, la realidad operativa es otra. El tráfico marítimo en la zona se mantiene un 60% por debajo de su capacidad habitual, ya que la incertidumbre sobre la seguridad ha disuadido a numerosas compañías navieras.
Expertos como Richard Meade, de Lloyd’s List, advierten que, si bien el perfil de riesgo ya era elevado para las embarcaciones vinculadas a intereses saudíes o israelíes, la actual capacidad de control militar de los rebeldes les otorga una posición de fuerza sin precedentes, dejando abierta la incógnita sobre hasta dónde extenderán sus operaciones de bloqueo.