Los fondos cotizados (ETF) de gestión activa han dejado atrás su condición de activos secundarios para consolidarse como piezas angulares en las estrategias financieras actuales. Según un reciente informe de Schroders, el 98% de los inversores españoles ya reconoce la relevancia de estos instrumentos dentro de sus carteras, desplazando el debate desde la conveniencia de su uso hacia la optimización de su rendimiento.
Ventajas competitivas y eficiencia operativa
Para la mayoría de los consultados, los ETF activos superan a los fondos de inversión tradicionales en aspectos críticos. Un 70% de los inversores destaca el componente de costes como la principal ventaja competitiva. No obstante, la propuesta de valor se extiende más allá de la eficiencia financiera: la liquidez intradía, la capacidad de operar a precios de mercado en tiempo real y la transparencia superior de las carteras son factores que determinan esta preferencia.
La posibilidad de negociar estos activos de forma continua, frente a la operativa limitada de los fondos tradicionales, marca un punto de inflexión en la gestión de carteras actuales.
A pesar del entusiasmo, la fiscalidad sigue siendo un punto crítico. Solo el 11% de los inversores considera este aspecto como una ventaja, dado que en España los ETF tributan bajo el régimen de acciones con tipos que oscilan entre el 19% y el 30%, según los beneficios obtenidos.
Aplicaciones tácticas y sectores predilectos
Tom Stephens, responsable de ETF de Schroders, subraya la versatilidad de estos vehículos: «El atractivo de los ETF activos reside en la sencillez del vehículo y en la facilidad con la que pueden integrarse, tanto de forma estratégica como táctica». En el mercado español, esta demanda se concentra especialmente en temáticas específicas, compañías de mediana y pequeña capitalización (mid y small caps) y mercados emergentes.
La preferencia por estos sectores no es casual; se trata de ámbitos donde la cobertura del mercado es menor o donde la complejidad estructural exige una gestión activa que logre superar la precisión limitada de los índices pasivos. En última instancia, el éxito de estos productos radica en la capacidad del gestor para aportar valor añadido, superando así las barreras que todavía dificultan una adopción aún más generalizada.