S&P Global ha atribuido el empeoramiento de las condiciones operativas a la
caída simultánea de la producción y los nuevos pedidos, en un contexto de
estancamiento de la demanda y de repunte de los costes energéticos.
Una vez descontado el efecto estacional asociado a los cierres de fábricas
durante el verano, la producción registró su mayor descenso desde finales de
2023. Las empresas señalaron la reducción de los nuevos pedidos, tanto
nacionales como internacionales, aunque la caída de las ventas al exterior fue
marginal y la menor desde noviembre de 2025.
El empleo disminuyó de nuevo en agosto y encadenó así doce meses de retrocesos.
Asimismo, las compañías redujeron sus compras por noveno mes consecutivo, con el
mayor ritmo de contracción desde abril de 2025, mientras que los inventarios de
insumos descendieron por undécimo mes seguido.
Las empresas recurrieron a las existencias disponibles para atender la
producción y reducir la carga de trabajo pendiente. Esta estrategia se produjo
además en un contexto de persistentes perturbaciones de suministro, que elevaron
los plazos medios de entrega por encima de su tendencia histórica.
Según S&P Global, el conflicto en Oriente Medio continuó afectando negativamente
a las rutas de transporte marítimo y dificultó el aprovisionamiento de los
proveedores, factores que, junto al encarecimiento de la energía y el
transporte, impulsaron la inflación de los costes de los insumos.
Los precios de venta también aumentaron, aunque a un ritmo muy inferior al de
los precios de compra, lo que elevó la presión sobre los márgenes empresariales.
El director de Economía de S&P Global Market Intelligence, Paul Smith, ha
indicado que agosto fue un mes «algo desafiante» para la industria española,
especialmente para los fabricantes de bienes de capital, que siguen afrontando
dificultades para atraer inversiones y cerrar nuevos contratos por la
incertidumbre del mercado.
De cara a los próximos doce meses, la confianza empresarial se debilitó respecto
a julio y se mantuvo por debajo de su nivel habitual, ante el incremento de los
precios energéticos y la preocupación sobre la evolución de la demanda.