La euforia que ha caracterizado al sector tecnológico durante los últimos tiempos ha sufrido un frenazo en seco al comienzo de la jornada. El mercado ha reaccionado con severidad ante un escenario de incertidumbre donde la escalada de los costes financieros y los llamamientos a la cautela por parte de las propias figuras prominentes de la industria han desencadenado ventas masivas en compañías clave.
La presión de los tipos de interés y el petróleo
Los inversores mantienen su mirada puesta en la próxima reunión de la Reserva Federal. Con el precio del crudo superando la barrera de los 100 dólares y datos de inflación que presionan al alza, las expectativas de un endurecimiento monetario han cobrado fuerza. Este entorno de tipos elevados encarece la deuda, complicando las ingentes inversiones necesarias para la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial, un sector especialmente sensible a los costes de financiación.
El interés exigido a la deuda a diez años de Estados Unidos roza el nivel crítico del 5%, un umbral que amenaza con enfriar el apetito inversor en activos de alto crecimiento.
Figuras como Sam Altman (OpenAI) y Dario Amodei (Anthropic) han instado a una ralentización en el desarrollo de modelos avanzados, priorizando la seguridad sobre el crecimiento exponencial, lo que pone en entredicho las previsiones de ingresos y gastos de capital (capex) que sostenían el optimismo del mercado.
Impacto global y desplome en los índices
El sentimiento bajista ha comenzado en los mercados asiáticos, con SoftBank sufriendo caídas superiores al 10% en Tokio. La debilidad se ha contagiado a los fabricantes de semiconductores, con retrocesos del 6% para SK Hynix y del 4% para Samsung Electronics. Esta tendencia bajista se ha replicado en Europa, donde firmas como ASML, Infineon y STMicroelectronics registran caídas de hasta el 8%, mientras que Soitec llega a retroceder un 13%.
En el ámbito local, el Ibex no ha sido ajeno al pesimismo. Compañías con alta exposición a los centros de datos, como ACS, Solaria y Merlin, lideran las presiones bajistas, reflejando el nerviosismo de los inversores ante el cambio de narrativa en torno a la viabilidad inmediata y la seguridad de las infraestructuras de inteligencia artificial.